5 de enero de 2010

Princesa.



Creció con los cuentos de hadas, pero a diferencia del resto de niñas, ella los vivía en su imaginación, ella creía. Día a día y a escondidas leía sus cuentos a pesar de su avanzada edad, ya no era una niña, se había convertido en una adolescente soñadora y sin vistas a la realidad.
Durante 17 años buscó al famoso príncipe azul, incluso de pequeña besó sapos esperando el milagro, pero nunca ninguno dejó su faceta de animal.
Siguió su búsqueda en los humanos, ninguno jamás se comportó como un príncipe, más como malvados bien daban la talla.
No se dió por vencida y cegada por su fe lo intentó con algunos más, pero ninguno consiguió hacerla feliz, por el contrario no recibió más que dolor. No era un dolor cualquiera, ese maldito dolor golpeaba fuerte los muros de su fe, acechaba inminentemente sus sueños.

¿Qué tipo de cuento podía tener una trama tan deprimente?

Este debía de tener un final muy fascinante, tanto como su dramática trama, y tan digno de ella como sería su príncipe.
Un día en su vida apareció un hombre cual apuesto caballero, cual buen amigo y guardián, que poco a poco su corazón ganó. Tras intensa amistad un día llegó ese esperado momento, el primer beso. No fue como esperaba, no fue como en los cuentos, pero igualmente fue sumamente especial para la joven soñadora, y la esperanza volvió a llamar a su corazón..y a su imaginación.
Noche tras noche la joven soñaba con un final perfecto, mejor que el de cualquier cuento. Pero la deprimente trama no había terminado y el apuesto príncipe no quería compromiso, era feliz disfrutando de doncella en doncella. Pero la princesa no estaba dispuesta a compartir al que se había convertido en su amor. Tras mucho tiempo, y después de haber perdido no sólo su dignidad sino también sus principios, e incluso su amor a sí misma, tras haberse dañado hasta niveles insospechados y haber sufrido lo que ni todas las princesas juntas hubieran sufrido, lo intentó por última vez y al príncipe se sinceró.
Sus palabras sinceras y cálidas no convencieron al príncipe quien quería mantener su libertad y calló sus lamentos con brusquedad.
Esa noche todo cambió para la princesa, nadie vió lo que ocurrió, sus sábanas las únicas testigo de su depresión guardaron una a una cada lágrima derramada por ese bribón. Maldito falso príncipe que su corazón robó y a cambió sólo dejó lágrimas y destrozos en su cuerpo e imaginación.
Fácil era la solución para terminar con esa tortura, pero no siempre lo fácil es lo que debe prevalecer. La princesa se dió una oportunidad, tal ser no merecía que ella terminase con su próximo amanecer.

Asique tomó una decesión: se encerró en su imaginación, y se prometió jamas volver al mundo real, apestaba tanto como los sapos que una vez besó.

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